Nivia Rossana Castrellón: una presidenta que deja huella con el corazón

Por: CR Rita Vásquez
Hay personas que hacen ruido, y con justa razón. Nivia Rossana Castrellón Echeverría es una de ellas. Hace ruido porque levanta la voz cuando hay que defender una causa justa, porque empuja con fuerza cuando hay puertas que no se abren solas, y porque consigue que las cosas pasen. Durante su presidencia en el Club Rotario de Panamá, en el período 2024-2025, Nivia no solo dejó huella: hizo historia. Su compromiso con la educación, con los jóvenes y con las comunidades más vulnerables fue el motor que impulsó un año lleno de acción, logros y transformación real.
Desde el primer día, nos dejó claro que este no iba a ser un año rotario cualquiera. Con su energía incansable, su liderazgo natural y su empeño imbatible, transformó la rutina en movimiento, y las buenas intenciones en acciones concretas. Y lo hizo sin cortapisas, y siempre rodeada de un equipo al que supo motivar y hacer sentir parte de algo grande.
Para Nivia, la educación es una herramienta poderosa para romper con la desigualdad y construir un país más justo. Por eso, puso toda su energía en apoyar escuelas, estudiantes, padres de familia y maestros que constantemente son olvidados por el sistema.
Continuando con el periodo presidencial anterior, se concretaron grandes avances en el Centro Educativo Básico General Estado de Minnesota, en Loma Cobá. Se mejoraron las conexiones eléctricas, y se entregó mobiliario nuevo. Se dotó al plantel de una biblioteca, desde sus instalaciones hasta proporcionar mobiliario, libros y dedicar un espacio para una ludoteca, creando oportunidades de esparcimiento y juego para los niños. Pero eso no fue todo: también se gestionó, con el apoyo de la Embajada del Japón, la construcción e implementación de una cocina y comedor escolar totalmente equipado, asegurando que cientos de niños puedan recibir alimentos dignos y nutritivos en su propio centro de estudio.
Esa misma dedicación se extendió al C.E.B.G. Lucas Bárcenas, en Burunga, ambas en Arraiján. Allí, nuestro Club lideró mejoras a la infraestructura escolar: se construyó una batería de baños, imprescindible para un centro que atiende a 1771 estudiantes. Se inauguró una biblioteca dentro del plantel que funge como un centro cultural para la comunidad educativa. Nació en ambos centros el programa “Educación Éxito Seguro”, un proyecto psicosocial y psicoeducativo que busca mejorar el rendimiento académico y las habilidades para la vida de estudiantes jóvenes. Muchos estudiantes encuentran en este nuevo espacio un refugio para crecer, aprender y soñar.
En alianza con UDELAS, se hicieron sesiones de atención primaria, en ambas escuelas, mediante su clínica móvil y, junto a otros aliados, además de la construcción y adecuación de los ya mencionados comedores escolares, también se distribuyó una donación de arroz fortificado para mejorar la nutrición estudiantil.
Para cerrar con broche de oro, nuestro Club entregará 2,350 mochilas con útiles escolares para el proyecto Educación Éxito Seguro la próxima semana a los estudiantes de estas escuelas.
Durante su presidencia, también se apoyó un hermoso programa de becas y mentorías en educación técnica para jóvenes destacados de comunidades vulnerables, así como becas a madres para completar sus estudios. De estos programas se beneficiaron estudiantes con talento y muchas ganas, pero con pocos recursos, pero quizás lo más valioso fue la orientación y el acompañamiento que les ayudaron a trazar un camino con propósito. Como ya hemos escuchado en nuestra presidenta: “los jóvenes no son solo el futuro sino el presente”, también se impulsó el programa “Laboratorio Latinoamericano de Acción Ciudadana”, con la participación del Club, donde adolescentes y jóvenes aprendieron sobre liderazgo, emprendimiento, voluntariado y compromiso con sus comunidades. Estos chicos ya están organizando sus propios proyectos. Eso sí que es sembrar para cosechar.
Más allá de los proyectos, lo que realmente ha hecho especial su presidencia es cómo Nivia ha vivido este año. Siempre presente, siempre atenta. No fue una presidenta de escritorio, sino de campo: fue a las escuelas, habló con los niños, escuchó a los docentes, acompañó a los padres. Y todo lo hizo con gran entrega y dedicación, porque cree que eso es lo correcto.
Como mujer, ha sido un ejemplo de liderazgo cercano y firme. Ha abierto puertas para que más mujeres se sumen a la vida rotaria y participen activamente. Como ciudadana, ha demostrado que se puede incidir en lo público desde la sociedad civil. Y como rotaria, ha vivido los valores del servicio con total coherencia.
Aunque su año como presidenta esté por concluir, el trabajo de Nivia no se detiene. Ha sembrado proyectos con visión de futuro, ha creado alianzas que aseguran continuidad, y ha motivado a nuevas generaciones de rotarios y rotarias. Su paso por la presidencia dejó mucho más que informes: dejó vínculos, dejó comunidad, y, sobre todo, dejó esperanza.
Gracias, Nivia, y gracias a todos aquellos rotarios y rotarias que dedicaron incontables horas y grandes esfuerzos para hacer realidad todos estos proyectos, por hacer de este año uno especial y, sobre todo, por recordarnos que no hay obra pequeña cuando se hace con amor. Que el servicio no se mide por el tamaño del proyecto, sino por el impacto que deja en la vida de quienes más lo necesitan. Que vale la pena creer en la educación, en los jóvenes, y en el poder de la acción voluntaria. Tu presidencia ha sido un verdadero regalo para el Club, para las escuelas, y para Panamá, porque cuando se lidera con el corazón —y sí, también haciendo el ruido necesario— el resultado siempre es transformación.