Más allá del discurso patrio urgen compromisos reales con la Comarca Ngäbe-Buglé

Panamá representa para el mundo un puente natural destinado a unir pueblos, culturas y caminos. Este mes de noviembre, cuando la identidad y el sentimiento patrio nos envuelven bajo una misma bandera, surge una pregunta incómoda pero necesaria: ¿realmente honramos el orgullo patrio que proclamamos?
Cada vez que cantamos el himno nacional y entonamos la frase “el progreso acaricia tus lares”, deberíamos reflexionar sobre el peso de esas palabras en el caso de nuestros pueblos indígenas, que son reducidos a objeto de análisis en los diálogos gubernamentales y que, a la fecha, no gozan de dicho progreso.
En la reciente décima sesión ordinaria de representantes y alcaldes de la Comarca Ngäbe-Buglé, celebrada el 31 de octubre, las intervenciones dejaron clara la desconexión del Ejecutivo con las autoridades locales. Las soluciones a problemas ya identificados no están llegando. Un calendario escolar diferenciado, carreteras, electrificación rural y puentes en zonas estratégicas son peticiones que avanzan al ritmo de intercambios burocráticos. Las comunidades carecen de acompañamiento y asesoría técnica para ejecutar fondos efectivamente en proyectos que respondan a las necesidades de los 70 corregimientos de la comarca.
El historial de escasas inversiones en puentes y carreteras se lee como un catálogo de desaciertos. Mientras las decisiones se tomen en oficinas desconectadas de la realidad, la factura se paga con vidas de inocentes. Las comunidades indígenas tienen un entendimiento profundo de sus necesidades y soluciones. Ignorar este conocimiento es un desperdicio de recursos económicos y de capital social invaluable.
Resuenan las palabras de Monseñor José Luis Lacunza: “No hay sillas vacías”, porque este es el día a día de comunidades donde niños y niñas van con estómagos vacíos a sus escuelas, iluminan con velas sus escritorios para hacer la tarea, y ponen piedras en sus bolsillos para que el río no se los lleve. Son generaciones que, aunque orgullosas de ser panameñas, no conocen el progreso que se supone acaricia nuestros lares. La Comarca Ngäbe-Buglé es el epítome del abandono estatal. Las niñas que recientemente fallecieron en Cascabel son parte del costo humano de la negligencia.
Panamá no ha ratificado el Convenio 169 de la OIT sobre Pueblos Indígenas y Tribales. De aplicarse sus disposiciones, este instrumento evidenciaría los derechos fundamentales que el Gobierno panameño sistemáticamente incumple: la responsabilidad de protección del Estado, el derecho a la vida y a la no discriminación, y el deber de garantizar el acceso a la educación en igualdad de condiciones. La continua negligencia vulnera principios de autodeterminación y participación recogidos en instrumentos internacionales ratificados por Panamá.
Los ahogamientos por crecidas de ríos son la punta del iceberg de años de abandono. Debemos trabajar como país, incidiendo y fiscalizando que las autoridades respondan al pueblo que los eligió. Celebrar patria exige más que discursos: requiere mirar con valentía las grietas de nuestra unidad, reconocer deudas históricas y comprometernos con los hijos e hijas de esta nación. Exigir dignidad y derechos fundamentales es comprometernos a subsanar años de abandono.
