Esa juventud descarriada – Pluma Invitada

Por CR Daniel R. Pichel
Club Rotario del Pacífico
Esta semana recibí, en alguno de los grupos de WhatsApp, una reflexión sobre lo “buena” que fue nuestra generación y lo “descarriada” que es la juventud actual.
Seguramente muchos hemos leído alguna vez una cita —atribuida a Sócrates, a Aristóteles y, como siempre, a Lincoln— sobre cómo “la juventud” tenía, más o menos, los mismos defectos que se les achacan hoy a los jóvenes.
Entre las críticas comunes hacia los millennials o generación Y (entre 29 y 44 años), y hacia la generación Z (entre 13 y 28 años), están su supuesta poca tolerancia al fracaso, impaciencia, paranoia, escaso compromiso y obsesión con la seguridad material. Se dice que son muy dependientes de la tecnología y que “se ofenden” por cosas que muchos, treinta o cuarenta años mayores, consideran irrelevantes.
Pero para entenderlos, debemos observar el contexto en el que han crecido: con internet, redes sociales, smartphones, globalización, el 11-S y el cambio climático. Viendo estos elementos, tal vez podamos comprenderlos mejor.
Aún recuerdo a la “generación silenciosa” de mis abuelos criticando a los hippies: “melenudos que oyen rock y fuman drogas” … Aquellos abuelos, que “liberaron al mundo de los nazis”, cuestionaban que esos jóvenes solo pensaran en “sexo, drogas y rock and roll”. Pero, con el paso del tiempo, aquellos “melenudos inútiles” abanderaron la contracultura de los años 60 y 70, frenaron la guerra de Vietnam y lucharon en las calles por los derechos civiles. Y después, ya mayores, organizaron “Live Aid” y recaudaron millones para enfrentar la hambruna en África.
Porque resulta que cada generación tiene sus intereses, sus objetivos y sus motivaciones para luchar. Ninguna es “mejor” que otra. Simplemente, son diferentes.
Esta “gente que oye reguetón” tiene claras sus causas. Dan prioridad a la inclusión, a la crisis ambiental y a los derechos de los niños y los animales. Consideran instituciones como el matrimonio algo secundario si hay un compromiso real entre dos adultos que quieren formar una familia, y ven la religión como una decisión personal de cada uno.
Esos jóvenes “que solo piensan en reguetón” aspiran a un mundo con energías limpias, donde los seres humanos —y el resto de las especies que habitan la Tierra— no corran peligro de extinguirse por culpa de la codicia y la especulación económica.
Pretender que la juventud de hoy funcione como aquella que luchó en las trincheras de Francia en 1916, la que desembarcó en Normandía en 1944, o la que fue a Vietnam, es simplemente ridículo. Seguramente, aquellos héroes en las trincheras francesas, en Omaha Beach o en las selvas vietnamitas, hubieran preferido jugar videojuegos. Pero no fue eso lo que les tocó vivir.
Como dijo Ortega y Gasset: “Yo soy yo y mi circunstancia”. Y cada generación tiene que vivir con las circunstancias que le imponen los tiempos.
Dentro de 30 años, sabremos qué logró —y qué no— esa generación que hoy muchos desprecian como “de cristal”. Y no tengo la menor duda de que logrará cosas buenas.
Mientras tanto, ojalá puedan seguir jugando videojuegos y no tengan que agarrarse a tiros con nadie. Porque estoy seguro de que, algún día, serán ellos quienes critiquen a los jóvenes “porque oyen música horrible y no sirven para nada” … y así, sucesivamente.