Dar tiempo también salva vidas

En un mundo donde todo parece avanzar más rápido cada día, donar tiempo se ha convertido en uno de los actos más valiosos que podemos ofrecer. A menudo creemos que el impacto social depende únicamente del dinero, pero el verdadero motor del cambio son las personas que deciden comprometerse con algo más grande que ellas mismas. 

El voluntariado no solo transforma comunidades: también transforma a quienes se involucran. En la Fundación Obsequio de Vida lo vemos a diario. Cada niño que recibe una cirugía cardíaca representa el esfuerzo conjunto de voluntarios, médicos, donantes y aliados que aportaron su granito de arena para hacerlo posible. Y cuando esos corazones se unen, los resultados superan cualquier expectativa. 

Inspirados por ese poder del trabajo en equipo, recientemente lanzamos el programa Heart Club, una iniciativa que busca llevar la experiencia del voluntariado más allá de nuestras paredes. La idea es simple: que cada empresa, universidad o escuela pueda crear su propio Heart Club, un grupo de personas comprometidas con salvar vidas y promover la salud cardiovascular infantil desde su propio entorno. 

Un Heart Club puede organizar campañas de donación, actividades educativas, ferias de salud, caminatas o colectas simbólicas. Pero más allá de las actividades, nuestro propósito es cultivar una cultura de empatía y responsabilidad social, donde cada participante sienta que su acción —por pequeña que parezca— tiene un impacto real. 

En tiempos en que el individualismo parece imponerse, el voluntariado se convierte en un espacio para redescubrir el valor de lo colectivo. Donar tiempo, creatividad o conocimiento no solo ayuda a otros: nos recuerda quiénes somos y por qué estamos aquí. 

El espíritu rotario comparte esa misma esencia: servir para transformar vidas. Por eso, invitar a más personas, escuelas o empresas a unirse a causas como el Heart Club no es solo una manera de ayudar; es una forma de multiplicar esperanza. Cuando una comunidad decide actuar con el corazón, el cambio se vuelve inevitable. 

Como dijo una madre de uno de nuestros pacientes: “Yo no conocía a quienes salvaron a mi hijo, pero sé que lo hicieron con amor”. Ese es el legado que queremos seguir sembrando: una red de corazones que laten juntos, por Panamá y por el mundo. 

Para más información sobre cómo crear tu propio Heart Club, puedes comunicarte con la Fundación Obsequio de Vida J. Thomas Ford.