CÓMO CONECTAR CON LA JUVENTUD: La fórmula de Diego de Obaldía desde el arte y la historia

La intervención de Diego de Obaldía se dio en el marco de la reunión semanal del Club Rotario de Panamá del 13 de noviembre, donde compartió una reflexión profunda y a la vez desenfadada sobre la juventud, la comunicación y el poder transformador del arte. Su estilo cercano, cargado de humor y autenticidad, cautivó de inmediato a los presentes.

Productor, escritor y creador panameño, Diego de Obaldía es reconocido por su aporte al teatro musical nacional con obras como 1903, Sólo las estrellas bastarán y Balboa. También es director del programa de comedia ¿Quién te ve?, y una de las voces más influyentes entre el público joven del país. Su trabajo combina humor, narrativa histórica y un estilo contemporáneo que busca conectar generaciones y renovar la manera en que se cuenta la identidad panameña.

Durante su intervención, De Obaldía inició con una nota personal. Bromeó sobre su transición hacia los 36 años y aseguró que, pese a los achaques físicos, se siente profundamente joven porque su obra está dirigida “a jóvenes de todas las edades”. Para él, la juventud es un estado mental más que una cuestión cronológica: “He visto ancianos de 25 y niños de 80”, comentó entre risas.

Su mensaje principal giró en torno a la manera en que se debe comunicar con las nuevas generaciones. Advirtió que el gran error de muchos adultos es intentar educar antes de entretener. En un mundo saturado de pantallas, algoritmos y estímulos inmediatos, afirmó, la atención es un recurso cada vez más escaso: “Los primeros tres segundos lo son todo”. Explicó que incluso grandes empresas con enormes presupuestos publicitarios enfrentan la misma dificultad: captar y retener la atención juvenil.

Relató también cómo ese aprendizaje influyó directamente en la creación del musical 1903, basado en la novela Con ardientes fulgores de gloria de Juan David Morgan. Reconoció que muchos consideraban su idea “la locura más grande” de su carrera: contar la historia patria con reguetón, plena, rock y lenguaje panameño. Pero una apuesta televisiva previa —un sketch sobre el 3 de noviembre que rompió récords de audiencia— le confirmó que la juventud sí desea conocer su historia, siempre que se les presente de forma atractiva y moderna.

El musical, dijo, nació para el pueblo y no solo para la élite cultural. Recordó la emoción de ver a jóvenes y familias que habían ahorrado durante un año para asistir al Teatro Nacional, así como el impacto de las presentaciones gratuitas en provincias durante la temporada del “Verano del Canal”, donde más de 30,000 personas vivieron la experiencia teatral por primera vez.

De Obaldía advirtió sobre los peligros de un ecosistema digital donde la mentira y el sensacionalismo ganan terreno porque captan atención más rápido que el contenido positivo. Comparó la comunicación con los jóvenes con “darle medicina a una mascota”: si se presenta de forma cruda, la rechaza; si se disfraza dentro de algo apetecible, funciona. Por ello insistió en que el entretenimiento es la llave para transmitir valores, identidad e inspiración.

En la parte final de su intervención, llamó al Club Rotario a no abandonar a la juventud y a integrarla de forma activa en proyectos cívicos y comunitarios. Afirmó confiar profundamente en las generaciones Z y Alfa, a quienes describió como jóvenes deseosos de un mundo más justo y pacífico. “El panameño tiene un gran corazón”, dijo, “pero hay que darle herramientas para brillar”. E insistió en un mensaje central: escuchar a los jóvenes es tan importante como guiarlos. Porque si no conversamos con ellos —advirtió— “otros lo harán, y no siempre con las mejores intenciones”.

Con una ovación final, Diego de Obaldía dejó al auditorio un llamado claro: entender, incluir y confiar en la nueva generación para construir un Panamá mejor.